domingo, 27 de mayo de 2012

Saul Leiter


Saul Leiter


Saul Leiter


Saul Leiter, el buscador de la belleza

Este fin de semana he tenido la oportunidad de ver una exposición en mi ciudad, Valladolid, de Saul Leiter, un fotógrafo del que sólo tenía referencia por su trabajo en moda. He salido con esa sensación enriquecedora que solamente me sucede en raras ocasiones, con algunos artistas, con algunas obras de arte. He sentido pena por no saber de su trabajo artístico antes y luego he pensado que quizá haya sido mejor así, mi mirada ha cambiado y ahora es posible que lo aprecie todavía más. La exposición se llamaba, Saul Leiter, La búsqueda de la belleza. Y es cierto, nada más lejos de ello, un verdadero buscador, convirtiendo lo cotidiano en pura belleza, una profundidad absoluta. Os pondré algunas de sus fotografías para que veáis y admiréis su gran obra. Gracias Leiter por existir, por crear de esa manera tuya.

Buscando a Dickens


martes, 22 de mayo de 2012

viernes, 11 de mayo de 2012

El adiós a una vida con unas vistas

Siete años, justos, ni más ni menos. Siete años bajo este techo, entre sus paredes, con su luz, y sus sombras. Siempre me gusto ir por la casa a oscuras por la noche. Siempre me gustó sentarme al atardecer en otoño, en el comedor y ver como el sol tostado teñía las paredes. Adoraba colgar la ropa en las tres cuerdas que hay y mientras mirar la cúpula de la iglesia de San Isidro.
En verano, Manolo mi casero, le gustaba mucho gastarme la broma de enchufarme agua con la manguera mientras yo colgaba la colada en las cuerdas. Siempre me pillaba por sorpresa y siempre le gritaba con enfado, Manolo no seas pesado y él sin hacerme caso seguía enchufandome agua. Me gustaba mucho salir en verano a la terraza cuando me quedaba sola en casa y simplemente mirar las plantas, tocarlas y hablarlas. Sentarme en el peldaño de la puerta de entrada a la casa de Manolo y quedarme allí sin más, mirando la terraza y todo lo que en ella había.
O cuando todavía disfrutaba de compartir casa y nos quedábamos por la noche horas hablando, riendo y saboreando de la compañía, porque casi siempre han sido chicas, Isa, mi querida gallega, Anne, la irlandesa, Tenesy, la brasileña, Carmen, la mexicana, Pi, la valenciana, y un hombre, Anthony, el ex cura, gay, psicólogo e irlandés. Ellos son a los que recuerdo con gran cariño conviviendo bajo este techo de una casa que siempre me resulto de verano, aún siendo invierno y nevase fuera.
Aquellas comilonas de los sábados dentro de casa o en la terraza, como una verdadera comida familiar; cocinaba para todo el mundo o sin no había ganas, se compraban unos pollos asados, algo que siempre resultaba perfecto. Y la languidez de la sobremesa, y esas risas y esas discusiones existencialistas...
Y mi cuarto. Mi refugio, mi cuartel, mi cueva, mi escondrijo. Con su inmensa ventana al mundo. Y esas extrañas luces que solo de vez en cuando entraban en algunos momentos del año. Y los niños jugando todas las mañanas, a las once, en la terraza de la guardería que hay tan cerca de mi ventana. Y los vencejos que como cada año, por estas fechas, vienen y tanto disfrutaba de su vuelo y de su compañía. Y mi ventana. Mi ventana. Mi horizonte. Mi mar. Siempre tan fiel, siempre con un cielo adecuado o no, pero siempre con un cielo para regalarme.
Y a todo esto le digo adiós. Ya es todo recuerdo. Un época de mi vida que ya acaba. Y estoy agradecida de poder cerrarla. Siento que la vida avanza.
Ahora viviré sola, bajo un nuevo techo pero también con una gran ventana y un cielo adecuado o no. No podría ser de otra manera. Mi ventana siempre fiel a mi.

Buscando a Dickens


martes, 8 de mayo de 2012

domingo, 6 de mayo de 2012

viernes, 4 de mayo de 2012

martes, 1 de mayo de 2012

domingo, 29 de abril de 2012

jueves, 26 de abril de 2012

miércoles, 25 de abril de 2012

lunes, 23 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

Londres, Marzo de 2012

Mi querida Londres. Este viaje ha sido el placer, el placer puro, el placer diario, el placer a cada minuto. Todavía tengo el regusto en la saliva, todavía tengo el buen sabor en todo mi cuerpo, en lo que ya son recuerdos. Estoy allí. No quiero volver. Pero he vuelto. Ha sido un gran viaje, un viaje real y de ensueño. No he hecho tareas de típica turista. No.
Me he pateado hasta la saciedad Roman Road.
Roman Road. Una calzada romana, en su origen, en el Eastend de Londres. Que ahora es una calle comercial de barrio. Una calle comercial de barrio obrero con gran cantidad de emigrantes, muchas mujeres con el pelo cubierto. Una calle normal. Hice la compra en Roman Road. Fui al supermercado, Sainsbyry express, fui a los puestos del mercado, en una pequeña plaza de la calle donde había tres puestos de frutas y verduras y un pescadero (casi no existen pescaderías como tal en la zona). El pescadero me conmovió. Compre tomates cherrys y plátanos al chico del puesto. Su acento era delicioso, acento cockney. Adoro los acentos británicos. Adoro poder escuchar esa variedad. Me gusta poder entenderles. Y no se me dio mal, teniendo en cuenta que es un acento complicado y cerrado. Pero tengo como referencia el acento de Glasgow y a partir de ahí, cualquier cosa es fácil de entender en Gran Bretaña. Me vuelve loca el acento de Glasgow.
Mientras esperaba la cola (en Gran Bretaña la puta cola es sagrada, cosa que siempre me enervaba de ellos, odio las colas, me producen ansiedad, por eso adoro ir al mercado tradicional, donde se pide la vez, manera española muy inteligente de esperar y de interactuar), un tipo del puesto de verduras (menudo tipo feo británico, de una fealdad de película inglesa, una fealdad casi bella) se puso a hablar con otro que estaba justo detrás de mi. No puedo transcribir su manera de hablar entre ellos pero todo resultaba tan cockney, tan Londres, ese acento con vocales tan abiertas, que parece que las consonantes no se hubiesen inventado, y yo allí tan feliz escuchándolos hablar, parecía una chica tonta, con una media sonrisa constante, una cara de chica perdida, de inocente, de no me entero de nada, pero yo si me enteraba, me enteraba de todo lo que ocurría a mi alrededor, y era feliz. Me podrían haber engañado con cualquier cosa que hubiese accedido con gusto.
Quería comprar dátiles al chico del puesto. Era honrando. Me advirtió de que eran caros. Una libra de dátiles salían a no recuerdo cuanto. Me daba igual pagar el precio pero como me sentía hipnotizada por su acento, que sólo supe decir, vale, que me cobrase sólo los tomates y los plátanos. Todo me daba igual, simplemente era feliz volviendo a estar entre ellos, entre la cultura que me atrapó durante ocho años de mi vida.
Continuara...

miércoles, 28 de marzo de 2012

London is calling, London is waiting

En unas horas estaré en Londres. Después de tanto tiempo regreso al país que me dio cobijo durante ocho años. Estoy ilusionada. Me ilusiona volver a pasear por sus calles. Aunque viviendo en ella durante un año no supe quererte, pero siempre que te visite me gustaste. Vivirte fue difícil.
Ahora regreso y espero que como siempre, la visita sea placentera y llena de acontecimientos que queden con cariño en mi memoria.
London, darling, show me your best!

lunes, 26 de marzo de 2012

Mi miedo al vacío. Historias de terror.

Me dan miedo los respiraderos que hay en el suelo, la ciudad está invadida por ellos. Los del metro, los de los parkings. Hay muchos. Pareciendo que todo lo tragan.
Caminando por la ciudad los evito. Hago lo que sea por no pasar sobre ellos, salto, hago giros extraños cuando uno me pilla de sopetón bajo mis pies.
El miedo al vacío. El miedo a la oscuridad que anida allí abajo.
Muchas veces he pensado el por que de ese miedo. Pero no lo voy a explicar aquí porque más de uno lo adivinara con un poco de psicología que se tenga de la vida.
Pero llegó un día, hace cosa de una semana, que decidí enfrentarme y coger a la rejilla por donde fuese.
Fue en la Plaza de España en uno de mis paseos. Allí estaba, retándome.
Y al ataque que fui. Pasé sobre ella con valor. Fue breve. Sobreviví.
Estaba satisfecha, orgullosa de mi, había superado una prueba que llevaba muchos años con ganas de pasear sobre ella.
Pero al día siguiente y escuchando la radio, me entero que esa misma noche en la que yo decidí pasar sobre el respiradero, un chico en algún punto de la ciudad de Madrid había muerto tras caer por uno de estas rejillas ya que ésta estaba defectuosa y fallo justo al pasar el chico sobre ella. Cayo al vacío, a un vacío de 8 metros.
Me sentí caer.